Por: David A. Gómez
Ferreira
Para algunos pueda
que sea una opinión banal pero en realidad es una alerta para el Ministerio de
Educación Nacional, que si bien es la autoridad académica en el país, debe ser
la primera en preocuparse en influir positivamente en el lenguaje que se
utiliza a diario en los planteles educativos. Lamentablemente está pasando lo
contrario. Se usan términos que suscitan en lo más arbitrario y
negativo de su discurso “educativo”. Por lo anterior, se hace referencia
lenguaje militarista que inunda las aulas de clases, el cual le envía mensajes
que llegan directo al subconsciente de los jóvenes, todos llenos de
significación negativa y violenta.
Tal es el caso de
Pedro, un estudiante de grado décimo, que le manifestó su inconformidad a un
profesor, por el apelativo que usó el rector de la institución a la que él
pertenece para referirse su compañero de estudio. Cuenta que el máximo
directivo del colegio, llegó al salón de clases e informó detalladamente que la
cifra de “Desertores” había aumentado significativamente para ese año y
mencionó los nombres de los estudiantes que estaban en esa condición. El joven
que desconocía ese proceso académico – administrativo, al finalizar la jornada
se fue a su casa y en la hora del almuerzo escuchó por la radio lo siguiente:
“El desertor alias “El Capo” colaboró con la justicia colombiana”. El
estudiante hizo una analogía y le preguntó a su padre. ¿Papá mi compañero es un
delincuente?
¿Este es el léxico
que queremos que empleen nuestros jóvenes? Un vocabulario despótico y equívoco,
que por un lado hoy se habla de Paz y, por el otro, se sigue usando palabras
que desde el campo semántico lo contradice. Un ejemplo evidente, es el de la
palabra “Deserción”. Cuando surge este término por primera vez y se adapta a
nuestra lengua, semánticamente hacía referencia a abandonar las filas de los
grupos al margen de la Ley, y no se relacionaba con nada del área educativa. Y
llegamos a cometer tal grave error, que cuando las instituciones educativas
rinden informes se refieren a los estudiantes como “desertores”. Así referencia
el gobierno a nuestros niños, niñas y adolescentes. ¡Qué tristeza!
Es entendible que
esta expresión “Deserción Escolar” se convencionalizó en Latinoamérica y que
entidades internacionales preocupadas por este “fenómeno” como UNICEF, el Banco
Interamericano de Desarrollo (BID) y Los Ministerios de Educación empezaron a
alarmarse por las cifras de niños, niñas y adolescentes que no se encontraban dentro
del sistema educativo; la preocupación entonces, es la estadística. Por
consiguiente, surgen algunos interrogantes, ¿ Acaso antes la gente no dejaba de
ir a las instituciones educativas? ¿Era tan llamativa la educación de antes que
nadie faltaba a la escuela? ¿Existía tanta solvencia económica que todos
“Tenían como”, ir al colegio? ¿No existía el embarazo precoz?... Por qué ahora
si tal preocupación.
De la misma manera,
se hace referencia a otra de las tantas expresiones que está en el lenguaje
“culto” de nuestras autoridades educativas que es el de “Mortalidad Académica”.
¿Esto qué es?... Para el Ministerio del Ramo y para las organizaciones
internacionales, es la cifra de reaprobación por año o por semestre, pero por
qué no usar otros términos. Esta expresión literalmente emite tan negativo
mensaje que se entendería como el “asesinato académico” que se dan en las aulas
de clase producidas por los maestros. ¡Por Dios!
Este lenguaje
absurdo está tan interiorizado en el subconsciente del maestro colombiano que
ya les piden a los estudiantes que se “desmovilicen”, es decir, que den por
perdida la asignatura y que se sometan a una prueba que medirá los conceptos de
todo un año o semestre. Si la educación que se imparte desde las instituciones
educativas se orienta a formar jóvenes para el futuro, queridos docentes, lo
que estamos es preparando y formando a futuros hombres con visón de guerra y de
violencia. Como estos hay muchos ejemplos más…
Todo esto, es
porque surgió desde el campo de la lingüística el famoso Contexto,
donde para hacer referencia a alguna situación, hecho o acontecimiento debe ser
concordante a otros aspectos de la comunicación para que tenga sentido y
significado. Lo incomprensible es por qué se contextualiza la educación, con la
guerra y la violencia que ha sufrido y sufre nuestro país desde hace décadas.
Algunos ya estamos cansados de eso. Empecemos a cambiar la historia desde las
aulas de clase y orientemos la educación utilizando las terminologías correctas
o regresemos a la corriente de Saussure, donde la comunicación era más concreta
y directa y no existía el famoso Contexto, porque de eso, es que se escudan
muchos.






muy buen trabajo, excelente redaccion
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ResponderEliminarLuego de analizar la narrativa del texto lenguaje de guerra visualizo que existe reconocimiento en el campo retorico en las que las palabras que se plantean allí importan no tanto por su escritura sino por su entendimiento, y apreciación. En este sentido el objetivo que se busca en este escrito es analizar la narrativa discursiva que se le da a la palabra, opresión sobre todo en estos tiempos de proceso de paz lo que hace que el docente en su mala técnica expresiva y las situaciones que genera el no desarrollo léxico del niño.
Para justificar moralmente la expresión citada deserción y lo que el niño manifiesta a su saber estos lenguajes apelan a la tradición, y las identidades de cada individuo que día a día los discursos, medios de comunicación utilizan a favor de la patria y el orden y, en algunos casos, sobre el perdón. En cada metáfora y vocabulario persuade a la comunidad a unirse a la guerra y sentirla propia, o por lo menos para no oponerse a ella.
El escenario no era el mejor para el uso de la palabra deserción y menos si hay alumnos que si están en la actualidad del país, casi siempre algunos docentes no miran esa parte el ser ellos los educadores creen que los estudiantes no se contextualizan; se está la oportunidad para que los docentes actualicen sus conocimientos tanto informáticos como de expresión oral adoptando un perfil acorde a la problemática actual del país y el perfil con el que el d estudiante debe formarse. No estamos formando lideres hoy se están creando focos de jóvenes retraídos, irresponsables de sus compromisos escolares, sin iniciativa, poca creatividad argumentativa.
Esto genera una metamorfosis lingüística precedida por la duda y la capacidad de presentar al mundo combinaciones algunas desconocidas otras de uso diario pero sin tener en cuenta los elementos narrativos, para así analizar el impacto que genera el contenido de la expresión hecha según el enfoque en la modernidad y el habla actual.
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