jueves, 19 de marzo de 2015

La Inflexibilidad de la Flexibilidad Universitaria


Por: David A. Gómez Ferreira

Alguien dijo una vez que existen las segundas oportunidades, y es una opinión muy asentida. Frecuentemente, las personas juzgan a otras sin tener certeza de lo ocurrido, e incluso, llegan a ser indolentes en algunos casos, se olvidan que son humanos y, que tienen un pasado lleno de experiencias.
En la educación superior, existen concepciones opuestas entre docentes sobre la flexibilidad. Para algunos la flexibilidad es un principio estratégico para la formación holística de un profesional; para otros en cambio, es “alcahuetear” la holgazanería o la pereza de un universitario.
Las dos posiciones son respetables y válidas, en ciertos casos. Si bien lo que hace a un maestro es su manera peculiar de disertación y desarrollo de la clase. Unos más creativos, más didácticos, más innovadores y más flexibles que otros.
En las Universidades pasa algo paradójico, se establecen políticas institucionales de prevención o disminución del abandono universitario, y es desde las aulas de clases, donde en ocasiones, se les están minimizando las opciones y las esperanzas al joven de ser un profesional, aludiendo a la estricta y desatinada rigidez de cátedra que en algunas ocasiones, se convierte en el referente de temor, más no, en el de motivación de un estudiante universitario; y es en esas circunstancias, en las que se escuchan aquellas expresiones que se convierten en la marca personal de algunos profesores para ser referenciados profesionalmente como por ejemplo, “Conmigo pasa sólo uno, y si pasa, pasa raspando”.
Es allí, en las cuatro paredes de un aula de clases, donde se toman decisiones trascendentales, donde se pueden prevenir los posibles casos de FBRA, de abandono, donde se orienta y se forma al joven no sólo a ser un  profesional competente ante las exigencias laborales de la sociedad sino a ser un profesional con altas calidades, valores y principios.
Un colega de la Universidad del Magdalena, comprobó que la flexibilidad no influye en la conducta académica de un estudiante, según él no varía por la simple razón que, si un estudiante no rinde académicamente desde el inicio de la cátedra, por no tener los conocimientos básicos del área, así se le brinde toda la flexibilidad para cumplir con sus responsabilidades, sus resultados seguirán siendo los mismos. Por el contrario, si su rendimiento es bueno, sus notas serán buenas sea el profesor flexible o no.
Para mejor entendimiento, el docente refirió una anécdota con un caso evidente de flexibilidad, que le ocurrió con un estudiante que le presentó un taller que había dejado como compromiso de entregarlo desde hace una semana, el joven se dirigió a su maestro y entregó su documento carente de las orientaciones previas. El profesor, conocedor del comportamiento académico de su estudiante, decide darle una semana más para que entregue su trabajo. Sorprendido, al recibir la semana siguiente el taller, observó que el joven no atendió a las sugerencias dadas y lo presentó de manera desorganizada, con una pésima presentación personal y con unas evidentes faltas gramaticales y ortográficas. Descontento el profesor, lo recibió sin decir ninguna palabra.
Situaciones como éstas se presentan a diario en las instituciones universitarias de Colombia, y en las que el docente debe ser estricto y no ser condescendiente. Aunque, algunos casos se deben analizar, para actuar y tomar decisiones acertadas relacionadas con los compromisos y el rol de un estudiante. El maestro universitario de hoy, debe ser conocedor de los sacrificios que hacen algunos padres de familia y también los estudiantes, quienes presentan condiciones particulares como ser joven trabajador, madres cabeza de familia, madre trabajadora, entre otros; preocuparse porque su estudiante aprenda a ser gente, a ser un profesional íntegro y con calidad académica.
La flexibilidad es para el que crea en ella, para el que conciba la diversidad de situaciones en las que se manifiesta. Como reflexión pregúntese ubicándose frente a un espejo ¿Alguna vez ha sido incumplido o ha fallado con sus responsabilidades? La respuesta, es la decisión que debe tomar frente a un caso de flexibilidad.


jueves, 12 de marzo de 2015

El lenguaje de la guerra, en las aulas de clases

Por: David A. Gómez Ferreira

Para algunos pueda que sea una opinión banal pero en realidad es una alerta para el Ministerio de Educación Nacional, que si bien es la autoridad académica en el país, debe ser la primera en preocuparse en influir positivamente en el lenguaje que se utiliza a diario en los planteles educativos. Lamentablemente está pasando lo contrario. Se usan términos que suscitan  en lo más arbitrario y negativo de su discurso “educativo”. Por lo anterior, se hace referencia lenguaje militarista que inunda las aulas de clases, el cual le envía mensajes que llegan directo al subconsciente de los jóvenes, todos llenos de significación negativa y violenta.

Tal es el caso de Pedro, un estudiante de grado décimo, que le manifestó su inconformidad a un profesor, por el apelativo que usó el rector de la institución a la que él pertenece para referirse su compañero de estudio. Cuenta que el máximo directivo del colegio, llegó al salón de clases e informó detalladamente que la cifra de “Desertores” había aumentado significativamente para ese año y mencionó los nombres de los estudiantes que estaban en esa condición. El joven que desconocía ese proceso académico – administrativo, al finalizar la jornada se fue a su casa y en la hora del almuerzo escuchó por la radio lo siguiente: “El desertor alias “El Capo” colaboró con la justicia colombiana”. El estudiante hizo una analogía y le preguntó a su padre. ¿Papá mi compañero es un delincuente?

¿Este es el léxico que queremos que empleen nuestros jóvenes? Un vocabulario despótico y equívoco, que por un lado hoy se habla de Paz y, por el otro, se sigue usando palabras que desde el campo semántico lo contradice. Un ejemplo evidente, es el de la palabra “Deserción”. Cuando surge este término por primera vez y se adapta a nuestra lengua, semánticamente hacía referencia a abandonar las filas de los grupos al margen de la Ley, y no se relacionaba con nada del área educativa. Y llegamos a cometer tal grave error, que cuando las instituciones educativas rinden informes se refieren a los estudiantes como “desertores”. Así referencia el gobierno a nuestros niños, niñas y adolescentes. ¡Qué tristeza!

Es entendible que esta expresión “Deserción Escolar” se convencionalizó en Latinoamérica y que entidades internacionales preocupadas por este “fenómeno” como UNICEF, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y Los Ministerios de Educación empezaron a alarmarse por las cifras de niños, niñas y adolescentes que no se encontraban dentro del sistema educativo; la preocupación entonces, es la estadística. Por consiguiente, surgen algunos interrogantes, ¿ Acaso antes la gente no dejaba de ir a las instituciones educativas? ¿Era tan llamativa la educación de antes que nadie faltaba a la escuela? ¿Existía tanta solvencia económica que todos “Tenían como”, ir al colegio? ¿No existía el embarazo precoz?... Por qué ahora si tal preocupación.

De la misma manera, se hace referencia a otra de las tantas expresiones que está en el lenguaje “culto” de nuestras autoridades educativas que es el de “Mortalidad Académica”. ¿Esto qué es?... Para el Ministerio del Ramo y para las organizaciones internacionales, es la cifra de reaprobación por año o por semestre, pero por qué no usar otros términos. Esta expresión literalmente emite tan negativo mensaje que se entendería como el “asesinato académico” que se dan en las aulas de clase producidas por los maestros. ¡Por Dios!

Este lenguaje absurdo está tan interiorizado en el subconsciente del maestro colombiano que ya les piden a los estudiantes que se “desmovilicen”, es decir, que den por perdida la asignatura y que se sometan a una prueba que medirá los conceptos de todo un año o semestre. Si la educación que se imparte desde las instituciones educativas se orienta a formar jóvenes para el futuro, queridos docentes, lo que estamos es preparando y formando a futuros hombres con visón de guerra y de violencia. Como estos hay muchos ejemplos más…

Todo esto, es porque surgió desde el campo de la lingüística el famoso Contexto, donde para hacer referencia a alguna situación, hecho o acontecimiento debe ser concordante a otros aspectos de la comunicación para que tenga sentido y significado. Lo incomprensible es por qué se contextualiza la educación, con la guerra y la violencia que ha sufrido y sufre nuestro país desde hace décadas. Algunos ya estamos cansados de eso. Empecemos a cambiar la historia desde las aulas de clase y orientemos la educación utilizando las terminologías correctas o regresemos a la corriente de Saussure, donde la comunicación era más concreta y directa y no existía el famoso Contexto, porque de eso, es que se escudan muchos.